Planteamos un servicio de confitería infantil como un pequeño sistema de abordaje en el que solo los niños tienen acceso. Al llegar al evento, cada uno recibe un broche que funciona como boleto físico y que puede intercambiar por un viaje de dulces a su elección.
La intención era que los niños pudieran hacerse cargo de su propia experiencia de forma lúdica y sencilla: seguir la señalética, recorrer los andenes y dejarse guiar por distintos personajes hasta descubrir la Candy Station. Una pequeña estación diseñada para elegir, explorar y compartir con otros niños por sí mismos.

— un poco más —

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