En Xoxtla, hacer chamarras es mucho más que una actividad productiva. Talleres familiares, fabricantes y comerciantes han construido alrededor de ellas un oficio compartido que, desde 1991, encuentra en la Feria de la Chamarra su principal escaparate.
Después de años de cambiar de imagen en cada edición, buscamos construir algo que pudiera permanecer: una identidad reconocible, flexible y capaz de representar tanto el carácter festivo de la feria como el origen textil del municipio.
Para encontrarla, miramos hacia dentro. Conversamos con sus habitantes sobre cómo se vive la producción local, qué distingue a Xoxtla y cómo quieren ser reconocidos desde fuera. La pirámide, la flor —ligada al significado náhuatl de “abundancia de flores”— y la chamarra aparecieron como símbolos de una misma identidad.
Hicimos de esta última la pieza central. Su silueta se transforma en una “M” dentro del logotipo y da origen a un universo de formas geométricas, pictogramas y personajes que visten chamarras distintas. Como una prenda que cambia según quien la lleva, el sistema puede combinarse, transformarse y crecer sin dejar de reconocerse.
El color lleva esta lógica hacia un territorio vibrante y festivo, mientras que Hecho en Xoxtla extiende la identidad más allá del evento con un sello dedicado al talento y la calidad de sus productores.
Así, una prenda cotidiana se convierte en denominador común: una forma de hablar de quienes producen, quienes visitan y quienes hacen de Xoxtla un pueblo vestido por su propio oficio.

— un poco más —

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